Suicidios, depresión y ansiedad: El impacto de la pandemia en niños y adolescentes

by | Dec 15, 2021 | Other

From left to right: Michelle Doty Cabrera, Executive Director, County Behavioral Health Directors Association. Lori Turk-Bicakci, Ph.D., Senior Program Director for KidsData, an initiative of the Population Research Bureau. LaTonya Wood, Ph.D., Director of Clinical Training – Psy.D. Program, Graduate School of Education and Psychology at Pepperdine University. Ulash Thakore-Dunlap, MS, Marriage and Family therapist and past board member, My Sahana. Gabii LeGate, Director of Operations, Blossoming Minds.

Por: Jenny Manrique

Niños de 8 años han intentado suicidarse. Entre los jóvenes asiático americanos entre los 15 y 24 años, el suicidio es la principal causa de muerte. Los niños afroamericanos entre las edades de 5 y 12 tienen el doble de probabilidades de morir por suicidio que los niños blancos de la misma edad. El 42% de los jóvenes LGBTQ consideraron seriamente o intentaron suicidarse; más de la mitad ellos, jóvenes transgénero y no binarios.

Las estadísticas de 2020 muestran un agudo panorama de los desafíos de salud mental que enfrentan los jóvenes, algo que el Dr. Vivek Murthy, Cirujano General de EE. UU., destacó en un inusual informe como una “crisis emergente”, exacerbada por las dificultades de la pandemia.

Expertos convocados por Ethnic Media Services, la Fundación Sierra Health y el Departamento de Salud Pública de California observaron que la depresión, la ansiedad, los trastornos alimenticios y hasta las muertes por sobredosis están afectando de manera alarmante a niños y adolescentes desde el inicio de la pandemia, especialmente en comunidades étnicas.

“El número de niños y jóvenes en crisis agudas de salud mental se duplicó y, a veces, hasta se triplicó (en 2021)”, dijo Michelle Doty Cabrera, directora ejecutiva de la Asociación de Directores de Salud Conductual de condados de California. “El Sistema de Medi-Cal atiende de manera desproporcionada a niños y jóvenes negros y nativos americanos y a comunidades LatinX y AAPI”.

Aunque Medi-Cal ofrece cobertura sin costo a niños de bajos ingresos, independientemente de su estatus migratorio, la carencia de terapeutas de color y el hecho de que no todos los médicos de atención primaria evalúan las condiciones de salud conductual de sus pacientes, ha provocado que el trauma no sea atendido oportunamente.

“(Necesitamos) mano de obra que refleje las comunidades atendidas, que tenga las capacidades lingüísticas pero también culturales”, agregó Doty Cabrera. “Estudios han demostrado que las personas de raza negra tienen más probabilidades de ser diagnosticadas erróneamente con esquizofrenia en comparación con otros trastornos del estado de ánimo”.

Incluso los servicios de telesalud, ampliados durante la pandemia, no fueron una opción para
familias de bajos ingresos que viven en espacios reducidos sin la privacidad necesaria o incluso, sin acceso a internet.

Doty Cabrera contó que el año pasado California invirtió $4.400 millones en iniciativas de salud conductual para niños y jóvenes ampliando fondos para consejeros escolares, e infraestructura de crisis móvil. Debido a la escasez de fuerza laboral, el estado California incluirá un nuevo beneficio en 2022 para quienes opten por carreras en el área de salud conductual.

”Cuando los jóvenes están conectados a intervenciones efectivas, son extremadamente resistentes y podemos prevenir afecciones crónicas de salud conductual a largo plazo”, aseguró la funcionaria.

Regreso al colegio

El regreso al colegio también se ha convertido en un arma de doble filo para todas las poblaciones minoritarias: por un lado tener a los estudiantes alejados del apoyo social y emocional en la escuela, exacerbó las crisis de salud mental, especialmente entre jóvenes LGBTI que viven en hogares donde su identidad no es afirmada. Por otro lado, el acoso en la escuela también contribuye al detrimento de esa salud emocional.

Quienes más han tenido que lidiar con esos desafíos son los jóvenes asiáticos, dijo Ulash Thakore-Dunlap, terapeuta familiar y miembro de la junta de My Sahana. Los ataques por motivos raciales en la comunidad asiática (AAPI) y el hecho de que se les culpe por la propagación de la COVID-19, han provocado en estos chicos el trauma de ver que sus padres son abusados ​​verbal o físicamente. “Las personas de la AAPI dijeron que el racismo que experimentaron en COVID-19 fue mayor que el estrés de la pandemia en sí”, agregó Thakore-Dunlap. Según STOP AAPI HATE, los incidentes de odio aumentaron de 3795 en marzo de 2020 a 6603 en marzo de 2021, siendo el acoso verbal (65%) y el rechazo (18%) los más comunes.

Las barreras idiomáticas persisten pues según la Asociación Psicológica de Asia, sólo el 4% de los psicólogos, consejeros y trabajadores sociales son asiáticos frente a un 84% de blancos. “Los asiático-americanos sufren discriminación cuando visitan proveedores de atención médica y hay mucha vergüenza y estigma en el acceso a recursos para familias de segunda o tercera generación”, sostuvo Thakore-Dunlap.

Entre la comunidad afroamericana las tasas de suicidio y depresión ya venian en aumento desde hace dos décadas y se dispararon en el último año. El impacto desproporcionado del COVID en sus familias, no hizo sino empeorar la desconfianza histórica y cultural en los proveedores de salud mental, de los cuales solo el 4% son afroamericanos.

“Los jóvenes negros tenían dos veces y media más probabilidades de ser hospitalizados que los jóvenes blancos y cinco veces más probabilidades de morir de COVID”, sostuvo LaTonya Wood, directora de formación clínica del programa de la escuela de educación y psicología de la Universidad de Pepperdine.

“Además de lidiar con el dolor y la pérdida de sus seres queridos, los jóvenes negros también experimentaron un aumento del miedo y la ansiedad sobre su salud y bienestar… Sin mencionar la pérdida de ingresos en sus hogares y el malestar político y social del verano de 2020, al que nuestra juventud negra estuvo expuesta”.

Muchos jóvenes no se sienten cómodos o seguros al decirles a sus cuidadores que necesitan terapia o servicios de salud mental. Si bien las escuelas tienen consejeros, a veces son muy pocos para las necesidades de un cuerpo estudiantil numeroso.

“Un aspecto importante es que las personas menores de 18 años no tienen su propio seguro de salud a esa edad y necesitan de los adultos”, dijo Gabii LeGate, directora de operaciones de Blossoming Minds, quien durante la pandemia cumplió 21 años, se graduó de la universidad y siguió el grado de la escuela secundaria de su hermana por FaceTime.

“Los jóvenes (que sufren depresión) escuchan mucho: “Oh son solo hormonas, solo estás creciendo” y eso es cierto, pero una vez que terminas la pubertad la gente todavía está deprimida. Hay que escucharlos de verdad”.

De acuerdo a Lori Turk-Bicakci, directora senior de programas en Kids Data, una iniciativa de la oficina de investigación de poblaciones (PRB en inglés), las visitas al departamento de emergencias de EE. UU. han aumentado en un 31% en caso de adolescentes y un 24% entre los niños de 5 y 11 años.

“Comparando febrero-marzo de 2021, con el mismo período de 2019, hubo un aumento del 51% en la tasa de niñas que acudieron al departamento de emergencias por intentar suicidarse”, dijo Turk-Bicakci. “En los programas intensivos de día en el Área de la Bahía para la depresión y los trastornos alimentarios, la espera para obtener un cupo aumentó a tres meses”.

Los expertos sugirieron fortalecer los grupos de apoyo entre padres, crear programas de certificación de pares para aquellos profesionales de color que no pueden acceder a costosas formaciones universitarias, y normalizar la conversación sobre salud emocional entre adultos y niños, en espacios como peluquerías, iglesias y hasta redes sociales.

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